Puerto Deseado – TRES PUERTOS, TRES PARQUES: CONEXIÓN ÚNICA ENTRE CULTURA Y NATURALEZA PATAGÓNICA

by Edgardo Parada

Tres Puertos – Tres Parques es una peculiar propuesta turística que acerca al visitante a lo más profundo de la identidad local. Sobre la ruta nacional 3, Puerto Santa Cruz, Puerto San Julián y Puerto Deseado invitan a atracar, descender y explorar un período de la historia patagónica, mientras se realza la relación con el mundo natural a través de sus principales parques: Parque Nacional Monte León, Parque Interjurisdiccional Marino Isla pingüino y Parque Interjurisdiccional Marino Makenke. La riqueza de la propuesta se asienta sobre una variada oferta de actividades, museos y excursiones que permite al visitante entender la relación de cada destino con el mar, ya sea en materia cultural o natural, todo el año y para todas las edades.

UN CANAL, DOS CULTURAS

El mar, portador y eterno confidente de las más arriesgadas hazañas, supo erigirse como el nexo, el canal, que unió dos mundos: los pueblos originarios americanos y los llegados del viejo continente. De este encuentro, son diversas las referencias que testimonian el destino de aquellos navegantes en territorio patagónico: naufragios, retratos descriptivos y un puñado de nombres que han forjado parte de la historia, como Magallanes, quien desembarcó por primera vez en Puerto San Julián, y que atravesó un naufragio en Puerto de Santa Cruz; o el propio Charles Darwin, que dejó testimonio de toda su incursión por estos lares. Pero al mismo tiempo, se hacen tangibles miles de años de expresiones culturales heredadas de los primeros habitantes presentes, no sólo en las múltiples propuestas museísticas, sino en muchos aspectos de la vida cotidiana de sus pobladores.

Una opción que recrea las primeras incursiones en este suelo es el Circuito Histórico Derrotero del Corsario, ubicado en diferentes puntos del sector costero de Puerto Deseado. La misma es una propuesta auto-guiada que, a lo largo de seis estaciones, se trata de vivenciar la experiencia del corsario inglés Thomas Cavendish, quien en 1586 descendió allí y bautizó el lugar “Port Desire”.

En Puerto Deseado la exploración de grandes navegantes aconteció durante todo el siglo XVI con la odisea de Hernando de Magallanes, siendo los naufragios descubiertos entre los siglos XVII, XVIII y XIX, dejando baluartes de estas gestas marítimas, monumentos de una época que descansan en el fondo de la Ría Deseado. Debajo del manto azul púrpura que baña las costas de canto rodado los objetos de la corbeta Swift ofician como un portal al pasado, que puede ser visto en uno de los museos más disruptivos e imperdibles en suelo deseadense: el museo Mario Brozoski.

Hacia fines del siglo XIX y principios del XX se irán reforzando los puertos santacruceños, siendo el de Puerto Deseado uno de los más importantes de la Patagonia austral, con su faro en Cabo Blanco, testigo de una historia abigarrada de proyectos adscriptos a un ordenamiento nacional de la mano de hombres y mujeres que ayudaron a construir los cimientos de la cultura local. Actualmente la disponibilidad de guías capacitados favorece la incursión en el desarrollo portuario, su importancia y trascendencia en materia comercial y productiva.

El puerto significó una apertura que se consolidó con otro gran avance en la época: el desarrollo del ferrocarril. Este acontecimiento fortaleció el crecimiento de la comunidad local, haciendo indispensable la inauguración de edificios y la prestación de servicios que debían satisfacer las necesidades de la creciente población, como escuelas y hospitales. Muchos de estos nuevos habitantes eran inmigrantes; entre ellos, los yugoslavos que tendrán un lugar protagónico.

Con apenas 25 años de vida, Puerto Deseado se verá incluida en un proyecto ferroviario magnánimo que nunca llegará a cumplirse: unir el puerto deseadense de gran calado con Nahuel Huapi. La cabecera del ramal requería de un edificio que representase de manera práctica y simbólica su importancia. Se descubre que las canteras poseían un tipo de piedra volcánica de gran resistencia, que a la vez era útil y un gran desafío para ser visto en uno de los museos más disruptivos e imperdibles en suelo deseadense: el museo Mario Brozoski.

Hacia fines del siglo XIX y principios del XX se irán reforzando los puertos santacruceños, siendo el de Puerto Deseado uno de los más importantes de la Patagonia austral, con su faro en Cabo Blanco, testigo de una historia abigarrada de proyectos adscriptos a un ordenamiento nacional de la mano de hombres y mujeres que ayudaron a construir los cimientos de la cultura local. Actualmente la disponibilidad de guías capacitados favorece la incursión en el desarrollo portuario, su importancia y trascendencia en materia comercial y productiva.

El puerto significó una apertura que se consolidó con otro gran avance en la época: el desarrollo del ferrocarril. Este acontecimiento fortaleció el crecimiento de la comunidad local, haciendo indispensable la inauguración de edificios y la prestación de servicios que debían satisfacer las necesidades de la creciente población, como escuelas y hospitales. Muchos de estos nuevos habitantes eran inmigrantes; entre ellos, los yugoslavos que tendrán un lugar protagónico.

Con apenas 25 años de vida, Puerto Deseado se verá incluida en un proyecto ferroviario magnánimo que nunca llegará a cumplirse: unir el puerto deseadense de gran calado con Nahuel Huapi. La cabecera del ramal requería de un edificio que representase de manera práctica y simbólica su importancia. Se descubre que las canteras poseían un tipo de piedra volcánica de gran resistencia, que a la vez era útil y un gran desafío para ser empleada en la construcción. Aquellos yugoslavos que, de la mano de la extensión ferroviaria llegaron a este sitio, conocían muy bien el material y poseían una gran experiencia en su empleo. De esto surge uno de los edificios más representativos de la localidad, que desde el año 1993 pertenece a los ferroviarios y actualmente funciona como museo: la estación de ferrocarril. Visitarlo permite conocer el legado de aquellos inmigrantes y su aporte en la soberanía local. Dentro del museo existen innumerables referencias que testimonian el crecimiento del poblado a través de fotografías y objetos que incluye un telégrafo, importante avance tecnológico que favoreció la incorporación de Puerto Deseado en un panorama de mayor comunicación.

TRES PUERTOS, TRES LOCALIDADES Y UN PATRIMONIO NATURAL EN COMÚN

Puerto San Julián, Puerto Santa Cruz y Puerto Deseado comparten un patrimonio natural que se asienta en la interacción entre dos ecosistemas, marino y terrestre, que se complementan y enriquecen mutuamente confluyendo en una amplia diversidad evidente en la flora y fauna que protege cada una de las áreas protegidas, parques y espacios que promueven el contacto con la naturaleza.

AL PUERTO, SU PARQUE

La relación con el mar hace de este sector de la Patagonia argentina un escenario de particular belleza, lleno de peculiares características; la estepa, árida y plana, por momentos parcialmente alterada por pequeñas serranías, culmina abruptamente en profundos acantilados que la comunican directamente con el atlántico. Esta relación mar-tierra provee rasgos comunes a cada uno de los destinos que integran este corredor turístico: Puerto Santa Cruz atesora un importante valor estepa-costero en su Parque Nacional Monte León; Puerto San Julián provee una magia especial en su Parque Interjurisdiccional Marino Makenke, especialmente a través de la colonia de cormorán gris; y Puerto Deseado enarbola con orgullo poseer la principal colonia reproductiva de pingüinos de penacho amarillo, dando el nombre a este su parque insignia. Pero Puerto Deseado posee un recurso que la diferencia: La Ría Deseado; un curso sinuoso de agua marina que se adentra en el continente en 50 kilómetros de longitud. Esta peculiaridad permite una presencia de fauna marina que se asienta en el fondo del lecho que, a su vez, atrae variadas especies perceptibles sobre tierra. Entre ellos: Lobos marinos de un pelo, cormoranes y pingüinos de Magallanes, antes mencionados, que aprovechan los recursos que el mar y los cañadones naturales que lo custodian les ofrecen para alimentarse y protegerse.

De este modo, la ría abre un sinfín de opciones que garantizan una experiencia única en contacto con la naturaleza y una cara de la Patagonia poco explorada: navegar hacia las islas e islotes acompañados por el andar de delfines, fotografiar escenarios embriagados de un profundo bucolismo cuando la caída del sol baña la línea del horizonte con tintes amarillo-anaranjados, practicar deportes acuáticos como kayak, presenciar el comportamiento de las mareas y recorrer algunas de las áreas más importantes de conservación de la flora y fauna típica de la región.

Tres Puertos, Tres Parques es un corredor que, en pocos días, posibilita el descubrimiento de un mundo natural mágico, que se fundamenta en la relación con el mar. El océano, portador y protector de historias y hazañas, se entrevera en cada localidad en un sentido bidireccional: por un lado, como proveedor de una de las zonas con mayor biodiversidad de la costa argentina; por otro, por su relación con el hombre y la construcción de la historia e identidad local.

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